LA CULTURA DE LA INTROMISION
Decía Martin Heidegger, que “ la gente debería atenerse a su pensamiento y no a su vida privada”. Esto en clara alusión en que hay que interesarse por el saber y no por las apariencias de una personalidad que como tal, es sólo una “mascara” de la esencia, que es el saber.- Existe hoy, una cultura de la intromisión, ya ni Jesús se salva, al cual le descubren amores, y otras yerbas. Y yo me digo: a mi que me importa la vida privada de Jesús o de cualquier otro hombre sabio, o hombre simple. De Jesús estoy enamorado de sus Bienaventuranzas y de lo práctica que son éstas para ser mejor persona. Lo mismo que de las Cuatro Verdades del Budha; de las enseñanzas de Platón, al cual califican de homosexual, mentes estrechas, que tratan de reducir, porque no tienen el vuelo de las águilas, capaces de tomar las presas en segundo y a pleno vuelo, como eran estos genios de apresar una idea y transformarla en una escuela filosófica o religiosa que perduran por siglos.
La privacidad, considerada en otros tiempos como una cosa sagrada, ha pasado a ser un tema de debate. Se discuten los límites de la intimidad, como si ésta tuviera que estar expuesta a la opinión pública. Aunque , es bueno aclarar, que en este caso dejamos al margen a los funcionarios de un estado , pues éstos, por el mismo hecho de manejar la cosa pública, deben exhibir sus vidas privadas como si estuvieran en una vitrina, mientras le dure el mandato.
A los que me quiero referir en esta oportunidad, es a la intromisión en la vida privada por parte de los más variados organismo, instituciones , empresas o ciudadano comùn(chusma dirìa) desde los cuales se intenta por cualquier medio, saber qué hace, qué siente, qué piensa el ciudadano corriente. Hay un avance peligroso de lo público sobre lo privado. Estamos entrando en la tiranía de la información, en la cultura de la intromisión- Todo el mundo quiere saber qué hace el vecino y la vida individual es objeto de las más curiosas investigaciones. El ciudadano se siente permanentemente observado y vigilado; y esto produce una sensación de haber sido “ violado”. La intromisión en la vida privada debería ser penada como una violación a la privacidad.
Hay como una psicosis de la información . Tal vez respondiendo a un complejo psicológico de inferioridad: saber para poseer, reducir para dominar. Saber para poseer, conocer la intimidad para orquestar campañas por medio de las cuales se intenta crear necesidades artificiales o elaborar propuestas que son el resultado de complicadas encuestas para lo cual se toma en cuenta la opinión de un grupo de personas, a partir de la cual se elaboran porcentajes como si el individuo fuera una masa amorfa. Habría que recordar un viejo dicho que dice “ cada ser es un mundo”; o aquello de Protágoras “ el hombre es la medida del universo”, cada hombre es un universo autònomo y no el representante del pensar o sentir del grupo.
Pero estas ansias de información, no se circunscribe a la superficie de la tierra, sino que ahora se proyecta al cielo y allí están los satélites utilizados por gobiernos que quieren saber por medio de estos aparatos qué habla, qué hace, el ciudadano al cual también le toman fotografías, el pulso, la transpiración y el ritmo respiratorio. En una palabra no existe vida privada. Los justificativos para esta cultura de la intromisión son variados: van desde el control de los terroristas; de los fenómenos meterológicos; de la necesidad de una organización de la sociedades. Todos actos cínicos de mediocres que lo único que buscan es reducir a los hombres para enmarcarlos en un nivel inferior al de su visión de topos. Claro que todos estos que elaboran estas estrategias de seguridad o de orden, son los mismos que critican a los nazis o se horrorizan de las matanzas de Ruanda. Los griegos dirìan Hipócritas. Todos tenemos derechos y ahora dirìa NECESIDAD de vivir libremente, sin el ojo, como el que existe en la entrada a la provincia de San Luis. Por lo menos estos caudillos son màs valientes : “sapan, que los estoy mirando”.
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