9.9.08

A LOS INDEFINIDOS, DIOS LOS VOMITA

En estos últimos tiempo, que son de definiciones, la política argentina se ha caracterizado por la doble cara (Janos para la mitología greromana), cuando no el si-no, folklórico , definición de la conducta que no se decide por nada, ni por nadie, y hace sus propios juegos, aun si en esto le va el prestigio, el honor, y la moral.
Si hay alguien que ha descripto con más certeza a los indefinidos, a los que nunca toman partido por nada, es Dante en su Divina Comedia. Veamos como relata un pasaje de esa obra don Miguel de Unamuno. Al entrar Dante con Virgilio en el Infierno, allá, en el pórtico, oyó suspiros, llantos y profundos ayes que resonaban por el aire sin estrellas; lenguas diversas, hablas horribles, palabras de dolor, acentos de ira, apagadas voces y batir de manos que armaban un remolino en aquel ambiente siempre oscuro. Y al ver esto pregunta a Virgilio qué gente es aquella vencida así por el duelo y Virgilio le dice. Se hallan en tan miserable estado las almas tristes de los que vivieron sin infamia y sin elegio. Están mezcladas al mezquino coro de los ángeles que ni se rebelaron ni fueron fieles a Dios, sino que fueron para sí. En una palabra son los indefinidos, los indiferentes los que no se juegan por nada. Y si lo hacen - que ya para ellos es un esfuerzo psicológico y mental- es en exclusivo beneficio propio.
Son pues, los que no se alistan a ninguno de los bandos que luchan por el bien.
Dante, que se enternece ante los más grandes pecadores, que admira a héroes del mal, a los que sume en las entrañas del Infierno, guarda el desprecio por los neutros, para los egoístas que no quieren comprometerse , para los ciudadanos cobardes, para aquellos que aun dios " los vomita"
Y sigue Virgilio explicándole cómo ni el cielo quiere recibirlos para no perder la belleza, ni el profundo infierno los recibe porque cobrarían gloria los condenados que merecieron al menos su condena.
Pregúntale el Dante entonces qué es lo que les hace lamentarse tanto, y contéstale su mestro aquellas terribles palabras que suenan en lo más profundo de la mente y el corrazón: NO TIENEN ESPERANZA DE MUERTE Y ES TAN BAJA SU CIEGA VIDA QUE ESTAN ENVIDIOSOS DE OTRA SUERTE CUALQUIERA. NO DEJA EL MUNDO FAMA DE ELLOS, DESDEÑAN LA MISERICORDIA Y JUSTICIA; NO HABLEMOS DE ELLOS, dice Virgilio. SIMPLEMENTE MIRA Y PASA.
Diría Unamuno que son los no ambiciosos, son los contentos con su oscura medianía; son los que no quieren cobrar fama y nombre a costa de resoluciones y esfuerzos.
La indiferencia que noto en nuestras costumbres del " no te metas", es el resultado del yoísmo. Es como una inercia que nos hace marchar sin sentido, respondiendo únicamente al impulso inicial gestado en otras generaciones. Ese yoísmo es una forma de escudarnos frente a nuestra propia incapacidad para crear nuevas formas de solidaridad y cooperación. Es como si se hubiera perdido la capacidad de conmoverse.
Urge en consecuencia crear algo que conmueva el corazón del hombre , pues evidentemente las formas culturales actuales ya no satisfacen las emociones, los anhelos, el interés de los ciudadanos.
Urge introducir nuevos paradigmas que guíen la conducta de los hombre, que alimenten sus emociones y den claridad a sus mentes.
Cuando el hombre adhiera a un nuevo ideal que le llena el corazón y el alma, empiezara a ser menos egoísta , pues tendrá algo por qué luchar, algo por qué vivir solidariamente. Tendrá algo que compartir y no mantenerse indiferente como los " desgraciados del Infierno de Dante".

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