HOY VICTIMAS....MAÑANA VERDUGOS
Hoy asombra, a la sociedad de los adultos, el grado de violencia de los jóvenes. Y en vez de preguntar ¿ cuál es la causa de este estado de resentimiento?, prefieren ocultar la realidad con argumentos sofisticados envueltos en conceptos psicológicos y sociológicos. La verdad es que hoy, la juventud es víctima de una violencia de los adultos, quines suman ,a su incapacidad para entender al joven, sus propios miedos , indiferencias, y la violencia que crea un sistema perimido, un sistema, viejo, incapaz de reaccionar con nuevas ideas y tratar de entender una nueva “ realidad”. En ese estado de cosas, los jóvenes son víctimas de esa mediocridad y agresión y mañana se convertirán en los verdugos, que en el momento menos esperado salen con un arma a matar personas o delinquir con sadismo e insensibilidad.
El hecho concreto es que el aumento de la delincuencia juvenil, que ha crecido en un 100 por ciento en los últimos años, nos mueve a preguntarnos si este fenómeno es causa y efecto del creciente desequilibrio entre ricos y pobres que existe en la sociedad.
Según datos del Registro Nacional de Reincidencias y Estadisticas Criminal, la mayor proporción – el 70 %- de los delitos cometidos por menos afecta a la propiedad y tienen fines de lucro. El perfil de criminalidad más peligroso corresponde a los jóvenes, pues de los homicidios simples cometidos por menores, nada menos que el 61% han sido perpetrados por adolescentes que tienen entre 16 y 17 años y año a año va bajando la edad de la delincuencia juvenil.
Las estadísticas señalan que la mayor población de menores en situación de riesgo habita en el Gran Buenos Aires, donde cálculos moderados estiman en varios centenares de miles los que se encuentran potencialmente expuestos a condiciones e influencias perniciosas. En el ámbito provincial se registra el 28% de los delitos comprobados.
No falta en este cuadro la presencia de la droga, que aparece frecuentemente ligada a los actos delictivos cometidos por menores detenidos. Un 90% de ellos la ha probado siendo chico y un 20 % fue internado en establecimientos por tenencia y comercialización de estupefacientes. Como se sabe, los traficantes suelen seducir a los menores con tempranas experiencia para luego utilizarlos en la distribución. Y ni que hablar de los adultos que se valen de los niños para este negocio macabro. O de los que prostituyen a menores o los utilizan para la guerra , o para actos de violencia callejera.
No hace mucho se denunció que grupos de guerrilleros están reclutando niños para transformarlos en guerreros implacables a pesar de los acuerdos internacionales que prohíben la utilización de menores de 15 años en combates.
La UNICEF dice que cerca de 200.000 niños son forzados a tomar las armas. Según las estimaciones sólo en Liberia los menores que combatieron llegaron a 6000 y en Birmania , millares de niños lucharon. Los rebeldes tamiles de Sri Lanka, secuestraron a pequeños de hasta 9 años para la guerrilla. Durante la revuelta de Chiapas, México, los periodistas vieron números chicos haciendo ejercicios militares. Los menores convencidos o forzados a luchar se extienden a Angola, Sudán, Ruanda, Camboya, Irán, Colombia, etc.
Pero los menores no sólo son reclutados para la guerra , sino también para ejercer la prostitución infantil – hoy llamado turismo sexual, donde está incluida la practica en burdeles y por INTERNET- . Tal el caso de Filipinas donde el gobierno ha iniciado una amplia campaña para erradicar a más de dos millones de niños – mujeres y varones- que son sometidos a la prostitución. Este fenómeno no es exclusivo de aquel país: la UNICEF ha denunciado a varios países en los cuales se utilizan a niños para estas aberrantes prácticas- propias de viejos degenerados o adultos pervertidos y cobardes- de lo cual no se salva la Argentina que también tiene un alto porcentaje de prostitución infantil, y que decir de Brasil.-
Compartimos , en parte, las respuestas que dan los sociólogos para explicar este fenómeno de la delincuencia y violencia entre los jóvenes. Dicen estos profesionales que para que haya aumentado la delincuencia juvenil se debe tener en cuenta el aumento de la pobreza, y la falta de un hogar organizado en la vida de niños y jóvenes. Es decir, que lejos de proteger a la infancia y a la adolescencia, el sistema los expulsa prematuramente al medio exterior y los convierte en chicos de la calle, con un marcado déficit de afectos primarios. Al poco tiempo estos chicos también se convierten en desertores del sistema educativo y registran problemas de salud física y moral.
En consecuencia estos chicos son rápidamente captados por organizaciones de mafiosos que los inducen al delito, incrementándose el índice de delincuencia entre los más jóvenes.
Frente a este estado de cosas uno pregunta ¿ pero quién destruye a los chicos?. Nadie se hace responsable ….o se echan la culpa mutuamente los distintos estamentos de lo institucional. Los del Servicio Penitenciario dicen que los jóvenes llegan destruidos desde los Institutos de Menores. Los responsables de los Institutos afirman que llegan “ reventados” de las Comisarías. Y los de las Comisarías que “ la calle aniquila a los menores”.¿ Quién se hace cargo de esta situación, o quien busca las causas del aumento de la delincuencia juvenil?.
Yo pienso que el aumento de la delincuencia juvenil es efecto del desequilibrio social. Los altos índices de desocupación – por más que el gobierno de turno diga lo contrario, pues altera las estadísticas a placer- y subocupación están mostrando a las claras ese desequilibrio. La tradicional clase media argentina, que actuaba como eje para equilibrar las diferencias entre ricos y pobres, está prácticamente destruida y en consecuencia se va acentuando la polaridad en donde hay pocos muy ricos y muchos muy pobres.
Este desequilibrio social, está llevando a la población a un grado de desesperación que es utilizada por bandas de delincuentes que reclutan a jóvenes que sienten malogradas sus aspiraciones de superación. Los jóvenes son víctimas que con el tiempo se convertirán en los verdugos sociales. Y estos verdugos pueden ser implacables o despiadados como lo demuestran los recientes hechos de criminalidad. Muchas veces pienso que la sociedad crea a sus propios verdugos con la insolidaridad, la insensibilidad, la indiferencia y el miedo. También con la falta de políticas de estado, en las que la busca de soluciones se actualicen generación tras generación y no sea un mero tema de campaña.-
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